Una pluma
perezosa
y una mano
floja y traviesa,
han
obstaculizado
mi charla
eterna con el papel,
pluma
bostezona
que va
tirando
lágrimas
de despertares
sobre
hojas de exámenes
y firmas
sobre lugares imaginables,
y mi mano,
tan dulce,
tierna y
sencilla como siempre,
está
durmiendo enrollada
en sí
misma,
pensando
en su mundo,
soñando
las tantas veces
que ha
recorrido tu cuerpo,
bosteza la
forma de tu pezón
y enseña
una sonrisa dormida
cuando
recuerda tu espalda,
los ojos
cerrados de mis manos
despliegan
suspiros por cada
cabello
tuyo, mis uñas
lloran la
pesadilla bella
de tus
piernas; mi mano
y mi
pluma, ¡qué grandes amigas!
¿cuántas
hojas no han llenado?
¿y cuánto
tiempo se olvidaron de
sí mismas?
y yo no les recordé,
pero se
unen como si hubieran
estado
juntas,
cada
segundo de un separo
que hoy
acabó.
Autor: Leonardo Morales Rivera. México 1979
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