Y se obscureció
el día,
la
linterna de la luna
se asomo
con su risa gitana
y observé
las estrellas
como lo
hace un enamorado,
poniéndole
nombre a cada una,
dándole de
comer una esperanza.
Cerré los
ojos por un momento
y te soñé
de cuerpo entero
como
aquella vez
que recorrimos
el parque,
cuando el
payaso se río de una bobada
cuando tu
helado manchó tu nariz
y cuando
tu beso se escurrió en mi boca.
Aquella
tarde, diferente a esta noche,
era
cálida, sencilla y estaba lloviendo,
te tome de
la mano y me tomaste del alma,
sentados
en una banca vimos pasar el tiempo,
sin
dinero, con esperanzas
y sólo tú
y yo,
toda la
gente pasaba frente a nosotros,
como en
cualquier parte
y nosotros
paseábamos
como en
cualquier parque.
En esa
tarde,
recuerdo
que me enamoré de ti,
de tu
vestido, de tu caminar
y de tus
labios,
de tus
ojos y tu mirada,
en esa
tarde yo me entregue a ti,
como un
enamorado,
bobamente,
ingenuamente y
para
siempre.
205 Autor: Leonardo Morales Rivera. México 1979
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