El alma
hoy es rusa,
de Siberia
para ser exactos,
se congela
como un témpano
y crece,
cual bola de nieve cayendo.
Parecen
cerrarse las cortinas de acero
resguardando
los secretos dolores
de un
tránsito tóxico,
cadáveres
cerca del camino.
La muerte,
amiga del alma,
tomaron un
largo café,
consumiendo
un cigarro
discutieron
el asunto de su muerte.
Una bala
ronda por la idea
con la
expectación
de
volverse concreta
y penetrar
la vida no hecha.
El alma se
resguarda en sí misma
y se
enrosca en su llanto
dentro del
corazón
de la idea
del peligro.
Y gotas
caen envueltas de sangre
por los
pies desnudos
se
desangra la esperanza,
la muerte
no ronda, ni gira por aquí.
Autor: Leonardo Morales Rivera. México 1979
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