Marea
urbana siempre creciendo,
mar de
concreto fijas el dedo de Dios,
tecnología
parásita explotas la vida,
le pones
una estatua y una leyenda
que haz
matado.
Sádico
vandalismo, en tu agresividad
llevas la
penitencia de tu pecado,
cárceles
eléctricas de cascadas ya contaminadas,
extinción
eterna, neuronas
enterradas
en sistemas de drenaje.
Eres la
llama de fuego ardiente,
avanzas
por el valle, la cuenca, el monte,
destruyes
el bosque, la selva, el volcán;
varilla,
vidrio y plástico los sustituirán.
Hundes al
silencio bajo tu suelo negro,
atraviesas
las cordilleras continentales,
sistemas
nerviosos comunicativos
llagan la
naturaleza agonizante.
Ríes y te
alabas marea abundante
fuerte y
creciente, no hay cárceles para ti,
te dejo
aquí, sola y amarga,
me voy a
la luna
a poner tu
chispa para allá.
Autor: Leonardo Morales Rivera. México 1979
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