Qué te digo mujer
si siempre tienes razón,
aunque sea en momentos distantes
en realidades que no vivo,
me gusta tu necedad
cuando no me involucra
y cuando se dobla
para convencerme de tu razón,
me convence tu regazo
como guarida
para curar heridas
de esta ciudad,
pero odio este silencio
por las noches
esta cama vacía sin hacer
y sin acción,
odio a mi soledad
acompañada de tu ausencia
y a mi ser acompañado
de deseo con nombre y apellido,
odio la excitación sin compañía
o con compañía sin tu rostro
sin tu esencia, sin tu olor,
aunque amo este silencio
y el polvo de días en mi casa,
extraño tu perfume
y el olor que dejas en mi casa,
cuando vienes a poner tus reglas
y a matar mi rebeldía,
te odio con toda mi alma
pero te amo con toda tu ausencia,
que no ves que vivir contigo me mata
pero vivir sin ti
es como una agonía,
así que mátame de veraz
y duerme en mi cama
porque prefiero el ataúd de tus brazos
y el incienso de tu cuerpo
a este anuncio de muerte
que no para.
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