La
ceremonia del amor acabó,
el deseo y
los anhelos se esfumaron,
el humo de
un cigarrillo se los llevó.
Me pongo a
llorarte
como el
enamorado de la luna,
donde
encuentra su Dulcinea
y él no es
un Quijote.
Voy a
buscar los gigantes
que
resultan ser los molinos
de tu
recuerdo perdonado.
Me
convierto en el idiota que sueña,
con que se
escriba una nueva historia
y en el
altar que te construyó
se prendan
de nuevo las veladoras
y a tus
pies de rodillas
se vuelva
a poner a rezar
por el
comienzo
de una
nueva forma de amar.
Autor: Leonardo Morales Rivera. México 1979
No hay comentarios:
Publicar un comentario