Cada
vez que me despido
se
me va el aliento,
me
separo de ti
esperando
no sea la última
y
así sucesivamente,
todos
los adioses y los despidos
me
enredan el tiempo
en
un momento eterno
que
se desvanece
cuando
me alejo.
Y
siempre te mira en un adiós
con
esperanza de no para siempre,
caminas
y te vas y me voy
con
tu piel enredada en mi aliento
y
con mi aliento enredado en tu piel.
Nos
vamos cada quien por su lado
para
extrañarnos, cada quien en su cuarto
como
dos idiotas solitarios
que
hace mucho dejaron de serlo
porque
decidieron ya tener dueño.
Por
eso, ahí te dejo mi aliento que me robaste
pero
me llevo tu corazón que me lo robé,
para
que decidamos regresarlos a cada quien
y
caminar, caminar, por fin
agarrados
de la mano.
144 Autor: Leonardo Morales Rivera. México 1979
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