Sabines, dijo que a los muertos había que tenerles una casa limpia y con agua, y que dos o tres días, cuando menos, se levantarían a vivir...
Hoy, a ti, tú sabes a quien, te dejo mi casa limpia y agua, para que dos o tres, te levantes a vivir, aunque sea en mi recuerdo, aunque sea en esa niñez, llenaste de alegría y de torbellino...
A mis treinta, la muerte no me preocupa, pero si me duele, a todos momentos, a todos segundos, a todos instantes...
Dejo mi niñez, para seguirla viviendo repetidamente, hasta la eternidad, hasta la muerte...
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