Era
un día de esos tristes, nublados, en los que uno busca trova, amigos, alcohol,
sentirse
mal un rato, platicar o llorar y hablar de mujeres,
fuimos
a ese bar donde toca mi amigo el trovador,
a
la tercer canción pedimos una botella de vino tinto por favor,
comenzamos
con la plática y opiniones,
se
sentó la novia del trovador con nosotros y nos dio su opinión
"creo
que le pierden bola de gilipollas" con un tono sarcástico que pretendo
comprender,
vinieron
más canciones, de las que uno escucha y se rasga las vestiduras,
y
con ellas vinieron más botellas de vino, el trovador amigo mío puso una de su
cuenta,
y
entre quejas, risas, lamentos y salud's, el trovador cantaba medio borracho,
la
novia del trovador estaba borracha, el abuelo borracho platicaba,
el
compadre simplemente borracho y yo... pues... borracho también,
de
ese lugar salimos caminando, en una línea recta que se movía,
llegando
al coche salieron los celulares y las llamadas para localizar
a
los otros que andaban de juerga,
en
este punto perdimos al trovador y a su novia borrachos,
localizamos
punto de reunión en un canta bar que estaba del otro lado de la ciudad,
al
llegar, adivinen? no nos dejaron entrar...
y
al voltear, un buen lugar fuimos a encontrar
uno
de esos lugares donde por dinero un buen par de tetas puedes encontrar
y
a veces hasta otras cosas te pueden tocar,
al
entrar, saludamos en la puerta, en las escaleras, en el pasillo,
beso
en la mejilla, compra de boletos y una nalgadita,
pedimos
más alcohol, utensilio básico para seguir despiertos,
al
sentarnos y ver el panorama, un tubo, tres vasos, ocho reinas,
dos
meseros y nuestra boletera de siempre, que pensó en un buen día
pero
le termino bastante mal, les platicaré enseguida por qué,
recibimos
una llamada de los que estaban en el canta bar,
nos
dijeron que su canción se había acabado pero que su concierto no,
les
dijimos, quitados de la pena, que se vinieran hombres y mujeres también,
llegaron
y sentados con nosotros, hacíamos parejas suficientes,
menos
dos, pero completamos con una de las ocho reinas disponibles
que
parecía rey, pero tendrían que preguntarles a los menos dos para saber bien su
fe,
seguimos
bebiendo, bailando y viendo cuerpos desnudos de mujer,
por
algún motivo los cuerpos vestidos, que andaban de fiesta con nosotros,
nos
llamaron un poco más la atención, y acabamos en un prostíbulo
fajando
con las vestidas que venían con nosotros en vez de pagar por lo pagado,
al
final nos prendieron las luces y nos corrieron, casi amaneciendo estaba
y
el vino, las mujeres, y el alcohol, con la luz del día se tienden a desvanecer,
de
ahí a cenar, a dejar a un amigo, y las parejas que quedamos
bueno!
el amor carnal nos agarro en el camino, juntos pero no revueltos,
es
decir, en pareja de dos heterosexual, sin combinar, nos metimos a uno de paso
para
terminar la noche o comenzar la mañana, qué más da...
bueno
esta fue una parranda, que vivimos un día cualquiera,
si
quieren vivir otra pues es cuestión de invitarnos,
les
mando un saludo, principalmente al abuelo, al compadre y al trovador...
Autor: Leonardo Morales Rivera. México 1979
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