El día de ayer recibí a dos personas que amo por la mañana y me llevaron con engaños a una pista de despegue, llena de gente que quería sentir por un rato que era volar...
Yo no sabía, mi miedo a las alturas es nato y no he podido evitarlo hasta el día de ayer, no creo que haya desaparecido este miedo me sigue dando vértigo...
Después de esperar cuatro horas por fin dijeron mi nombre y el color de mi piel comenzó a cambiar de moreno a blanco, pálido... miedo...
Nos subieron a una avioneta que de milagro subía o al menos eso parecía... Después abrieron la puerta como pesero y la tierra quedó ahí pequeña, a trece mil pies de altura, tres mil novecientos setenta y pico de metros hacia el espacio para caer...
Todas las instrucciones que me dieron se me olvidaron y cuando estaba justo en la puerta el miedo fue intenso terrible casi, casi paralizante...
Después el instructor simplemente saltó y el vació llenó todo mi ser... Un segundo donde dependía todo del destino, o bueno de alguien que lo hace quince veces al día...
Abrir los ojos y darte cuenta que estás girando y la tierra pequeña se va haciendo grande poco a poco, y sientes que puedes volar, gritas te desesperas, te mueves, y el mundo sigue girando mientras tu vas cayendo...
La adrenalina se apodera de ti y de cada centímetro de lo que eres, te mueves y sigues cayendo, no te da tiempo de pensar, no te da tiempo de estar, sólo caes, caes y caes...
De repente se abre el paracaídas y la caída toma una pausa donde empieza a caer más lento, me da los controles y caemos en espiral, las piernas son inútiles y van de un lado al otro, la adrenalina está a su máximo punto y uno no deja de gritar!!!
Y la tierra es del tamaño normal y con las nalgas caigo otra vez, soy ser de tierra...
Por un minuto sólo importaba el sentimiento, la adrenalina... Después pasan horas y tequila hasta que el cuerpo se cae de golpe y quiere descansar...
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